sábado, 14 de septiembre de 2013

Fractura de fémur distal en gato

Fractura de fémur distal en gato


Los gatos sienten un interés casi hipnótico por todo lo que ocurre al otro lado de la ventana, y es frecuente verlos apoyados en el cristal observando todo lo que ocurre en la calle, pero puede ocurrir que un día la ventana esté abierta, e irremediablemente ese día el gato saltará al borde para curiosear, y finalmente termine cayendo a la calle. Es un fenómeno que se repite con tanta frecuencia que ya tiene su nombre propio, a esos gatos que se precipitan desde ventanas y terrazas se les llama gatos paracaidistas.

Los gatos paracaidistas son pacientes habituales en el servicio de urgencias de cualquier clínica. Cuando recibimos un paciente así, lo primero es evaluar posibles alteraciones neurológicas, cardio respiratorias y hemodinámicas, para luego preocuparnos de cosas menores que pueden parecer muy importantes pero no comprometen su vida.

En esta exploración inicial es frecuente hacer una radiografía lateral que incluya todo el paciente (una gatografría) y permita descartar múltiples patologías, a la vez que puede revelar otras que tal vez no habíamos apreciado.


gato paracaidista


En esta vista inicial,  descartamos neumotórax, y es probable que la vejiga no se haya roto, también sabemos que el paladar duro no estaba roto porque lo habíamos comprobado previamente, pero a la vez revisamos sus huesos y nos fijamos en su rodilla derecha.
En cuanto el estado del paciente lo permita, retomaremos la exploración radiográfica, ya centrados en su rodilla derecha, y comenzamos con una vista ventro dorsal de sus caderas que nos dará un plano más completo de posibles lesiones asociadas.


fractura femur en gato

Tras esta imagen ya tenemos más claro que el problema está únicamente en el fémur derecho distal, descartamos otras patologías asociadas de sacro, pelvis, fémur izquierdo, etc  y finalmente haremos la proyección radiográfica medio lateral del fémur derecho para visualizar el alcance total de la fractura:



fractura fémur felino gato


Se trata de una fractura conminuta metafisaria distal de fémur derecho en un paciente joven, que todavía no ha cerrado totalmente la línea de crecimiento de la cresta tibial pero que indudablemente está ya en la fase final de su desarrollo.

Cuando este tipo de fracturas se presentan en la epífisis distal, el tratamiento clásico es poner dos agujas de Kirschner cruzadas  que realinean el hueso y junto con el ligamento rotuliano estabilizan la fractura, pero en este caso las fractura está ligeramente desplazada dorsalmente y parece que las dos agujas ya no lograrán una fijación tan estable como la que podría lograrse con una placa de osteosíntesis. 
El problema es que el fragmento distal mide apenas 2 cm, y debo colocar  tres tornillos en ese espacio. Para este tipo de fracturas existen unas placas en L adaptadas a la curvatura final del fémur, y que además son distintas si se trata del fémur derecho ó del izquierdo, que suelo tener en reserva para un caso así, pero en el momento de la cirugía aunque tenía varias, no tenía ninguna adaptada al tamaño del paciente, y decidí aprovechar al máximo el espacio y poner una placa recta con tornillos de 2 mm.
Tras colocar la placa, debido a la conminución de los fragmentos, quedaba un importante defecto óseo en la cara opuesta, y para reforzar la fijación y evitar que la placa acabase rompiéndose, puse una aguja de Kirschner desde el cóndilo medial del fémur, que compensaba la concentración de fuerzas en la zona del defecto óseo, aunque hubiera sido posible lograr el mismo resultado con un fijador externo, pero no me gusta poner fijadores externos en fémur, y mucho menos en un gato, por lo tanto completaba la fijación interna sin tener complicaciones adicionales.

Esta es la imagen intra operatoria de como quedaron los implantes:


Agujas en fémur distal felino


Si os fijáis un poco, en el lado opuesto a la placa se aprecia la aguja de Kirschner, aunque en las radiografías de control post operatorio puede comprenderse mejor el defecto óseo y la fijación. Comenzamos por la vista medio lateral:



radiografía con placa y agujas fémur felino


Y ahora presento la vista antero posterior del mismo paciente.


placa y aguja intramedular fémur gato


La evolución posterior fue muy buena, comenzó a apoyar al segundo día y en una semana caminaba casi normal. En estos casos, los gatos suelen ser pacientes muy agradecidos, pero el dueño debe comprender que su paciente camina porque los implantes mantienen la rigidez y alineación ósea, pero el paciente no está curado, y deben mantenerse los periodos de reposo hasta lograr la cicatrización  real de la fractura.

Siguiendo el protocolo, al mes se le realizan las radiografías de control, logrando la siguiente imagen:


callo óseo en fémur gato


callo óseo fémur gato



Como puede apreciarse, todavía no ha cicatrizado pues había un gran defecto óseo pero se está formando un gran callo que abarca toda la zona donde no teníamos hueso, siguiendo la evolución normal de todas las fracturas. Primero se forma un coágulo en la zona de la fractura, luego se llena de redes de fibrina, y en una fase posterior se calcifican, de hecho, en la parte externa del callo óseo ya se aprecia un puente de fibrina calcificándose, que terminará por cubrir toda la fractura.


domingo, 1 de septiembre de 2013

Displasia de cadera

Displasia de cadera



Con frecuencia recibo radiografías de perros, a los cuales se les hace su primera radiografía de cadera cuando ya tienen entre uno y dos años, y en muchas ocasiones son pacientes que presentan diferentes grados de displasia, pero están ya en una fase en la que las opciones quirúrgicas son limitadas y a largo plazo sólo puede plantearse la prótesis de cadera como solución reparadora de un problema que en fases anteriores habría podido resolverse con mayor facilidad.

Veamos un ejemplo. Se trata de un cachorro de Terranova de 15 meses que presenta la siguiente imagen radiográfica:


rx displasia en canino


Aunque se trata de un animal joven, las coberturas acetabulares son escasas, el paciente todavía seguirá ganando peso y pronto comenzarán las deformaciones articulares, la osteoartrosis y el pronóstico a largo plazo es negativo.


En esta ocasión, no dedicaré el artículo a un caso concreto, sinó que destacaré los aspectos mas relevantes de la displasia de cadera, que todo clínico debe conocer, y centraré los comentarios en las medidas básicas de detección precoz, que en mi opinión todas las clínicas deberían plantear a sus clientes.

La displasia de cadera no es una enfermedad congénita, pues no puede detectarse en el momento del nacimiento del cachorro, sino que se manifiesta a nivel que el cachorro va creciendo y se desarrolla. El paciente ya desde muy joven presenta una inestabilidad articular, con laxitud de los tejidos blandos periarticulares que permite la subluxación de la cabeza del fémur durante los primeros meses de vida, de modo que se genera una escasa profundidad del acetábulo y cambios degenerativos en la cabeza del fémur, dando lugar a una osteoartrosis secundaria y progresiva que siempre evoluciona a peor.

Se trata de una enfermedad de origen multifactorial y poligénico, lo cual dificulta la eficacia de los programas de erradicación. La heredabilidad en la displasia de cadera es de aproximadamente el 60 %, es decir, un animal libre de displasia sólo tiene una probabilidad del 60 % de tener descendencia libre de displasia.

Tiende a presentarse en perros de razas grandes, bien alimentados y de rápido desarrollo. Un crecimiento excesivamente rápido favorece la aparición de displasia, porque el desarrollo de la masa muscular no se corresponde con el crecimiento del cachorro. El ejercicio excesivo en fases tempranas del desarrollo también tiene un efecto negativo.

Puesto que los cambios degenerativos que se producen de un modo progresivo en el cachorro, limitarán su calidad de vida en la fase adulta, es importante diagnosticar esos cambios en fases tempranas, para tratar de establecer medidas de control que permitan evitar el rápido desarrollo de la osteoartrosis.

Y ese debe ser el mensaje de este artículo, hay que lograr la detección precoz de la displasia de cadera para poder aplicar medidas que limiten su desarrollo.

En ocasiones comenzaremos el estudio con cachorros muy jóvenes, de apenas 3 meses que ya empiezan a tener sintomatología.

Síntomas  del cachorro: dolor a la palpación, debilidad tercio posterior, poco activo, al andar mueve mucho las caderas de un lado a otro, al correr avanza con ambas extremidades posteriores al mismo tiempo, correr de conejo, se tumba dejándose caer, bamboleo de las caderas al paso, camina con corvejones juntos y metatarso hacia fuera.

Si apreciamos que un cachorro presenta alguno de estos síntomas, aplicando el planteamiento de la universidad de Pensilvania, (Penn Hipp) deberíamos sedar al cachorro, y calcular el ángulo de distracción de sus caderas, que si es superior a 0,7 sugiere una alta incidencia de displasia. El problema es que el valor normal es menor a 0.3, y entre ambos resultados hay un alto porcentaje de animales con pronóstico incierto, además de las variaciones entre las distintas razas, por lo tanto, para muchos clínicos  no es un valor definitivo, pero muy significativo si nuestro paciente está por encima de 0,7. En caso de querer actuar, puede hacerse una sinfisiodesis púbica juvenil, para cachorros entre 3,5 y 4,5 meses, Ortolani positivos, sin osteoartrosis y con índice de distracción mayor de 0,7.

Existe también un método predictivo de detección precoz, mediante un análisis de sangre que detecta 7 marcadores genéticos para identificar aquellos perros con una alta predisposición a desarrollar displasia, para así poder establecer un seguimiento que permita tomar medidas preventivas para retardar el progreso de esta patología. El problema es que de momento sólo está disponible para el Labrador retriever, y próximamente para el Golden retriever.

Es probable que en cachorros tan jóvenes los síntomas iniciales de la enfermedad puedan pasar fácilmente desapercibidos, pero es de suma importancia hacer una primera radiografía de control a todos los perros de razas grandes entre los cinco y los seis meses, porque nos llevaremos muchas sorpresas pues con frecuencia la gravedad radiográfica no se corresponde con la escasa sintomatología que puedan presentar esos pacientes jóvenes, pero es el momento idóneo para proponer medidas que puedan controlar el avance de la enfermedad. 

Puesto que hay varios grados de displasia, no todos precisan el mismo tratamiento, y hasta el 75% de los casos pueden controlarse con las medidas clásicas ( estricto control del peso, restricción del ejercicio, condroprotectores, etc.) pero esa proporción nos deja un 25% de casos que precisan una solución quirúrgica.

El tratamiento clásico consiste en una Triple osteotomía pélvica, que elimina una porción de hueso en Pubis, hace una osteotomía en Isquion que se cerrará con un cerclaje y luego hace una osteotomía en Ilion para aplicar una placa angulada y lograr una rotación axial del acetábulo con objeto de realinear la pelvis de forma que la cabeza femoral encaje más profundamente en el acetábulo en crecimiento, incrementando su cobertura y reduciendo el grado de subluxación presente. (En el caso de la doble osteotomía no se hace el corte en Isquion) Pero en ambos casos es una intervención preventiva, para detener el desarrollo de la osteoartrosis, y por tanto hay que realizarla antes de la aparición de los primeros signos degenerativos.

El siguiente dibujo ilustra las líneas de corte y la rotación axial del acetábulo.


triple osteotomía cadera en perro



Factores condicionantes de la triple/doble osteotomía de cadera:

-Síntomas clínicos evidentes,   Ortolani positivo.
-Angulo reducción menor ó igual a 30º y ángulo subluxación menor o igual a 10º.
-Paciente joven, en crecimiento  (ideal: 5 – 7 meses)
-Sin signos de osteoartrosis y con cobertura acetabular mayor al 10 %
Valorar grado cobertura acetabular y ángulo de Norbert  (normal 105º ó superior)
En ocasiones, es preciso plantear la cirugía para ambas caderas, pero aunque en la doble osteotomía pueden hacerse ambas cirugías al mismo tiempo, en la triple osteotomía es preciso dejar un tiempo de recuperación desde la primera cirugía antes de abordar la segunda cadera.

Doble osteotomía cadera en perro


El modelo anterior representa una doble osteotomía bilateral, en la que observamos cortes en Pubis y placas en Ilion pero no hay cortes en Isquion, de modo que la recuperación es más rápida y la estabilidad post operatoria mayor, pero debe realizarse en pacientes jóvenes, pues a medida que avanza la edad la calcificación del Isquion dificulta mucho su flexión sin producir fisuras ni sobretensión en los tornillos.

El principal factor a tener en cuenta es lograr un buen diagnóstico precoz, y una buena elección de los candidatos, veamos un ejemplo. Un Rottweiller de un año, que presenta la siguiente imagen radiográfica:


rx displasia cadera canina



El acetábulo derecho tiene una buena cobertura, pero el acetábulo izquierdo ya está plano y la cabeza del fémur prácticamente luxada, no hay una cobertura acetabular mínima del 10% y éste paciente ya es demasiado “viejo” para plantear una cirugía correctora. No puede plantearse una Triple osteotomía pélvica y esa cadera está prácticamente perdida, pero si a ese paciente se le hubiese hecho una radiografía previa con 5-6 meses, se habría detectado el problema a tiempo y con esa edad es muy probable que una doble osteotomía pélvica hubiese mejorado mucho la congruencia articular y esa cadera habría evolucionado de un modo mucho más favorable.

Veamos otro ejemplo. Se trata de un mestizo de siete meses y medio que presenta la siguiente radiografía de cadera realizada en un control ordinario:


rx displasia cadera canino


Observamos que aunque su cadera izquierda tiene una buena conformación, su acetábulo derecho tiene una cobertura escasa, y ya comienza a tener sintomatología.

Se plantea una triple osteotomía porque el paciente ya está al límite del crecimiento y se le realiza la cirugía, para lograr una mayor cobertura acetabular derecha. Veamos la radiografía de control post operatorio:


Rx triple osteotomía cadera canina


Soy consciente de que tal vez el ángulo de rotación fuese un poco excesivo, pero era ya un paciente que estaba al final de la fase en la que se pueden hacer cambios, y también hay una cierta asimetría en la imagen, de modo que parece que el lado izquierdo tiene menor cobertura de la real, pero en cualquier caso, era un paciente cuya cadera derecha, antes de la cirugía, estaba destinada en el mejor caso a una prótesis, y en el peor a una artrodesis, y ahora presenta un pronóstico mucho más favorable, y resulta indudable que su calidad de vida mejorará tras la cirugía.


Y ese es el mensaje que quiero transmitir una vez más en este artículo. La displasia de cadera afecta aproximadamente al 20% de los perros de razas grandes, y cuando el paciente es adulto sólo podemos hacer un tratamiento sintomático ( control del peso, ejercicio moderado, condroprotectores, AINEs, infiltración de plasma rico en factores de crecimiento, etc) o proponer cirugías que se limitan a prótesis ó artrodesis, pero si hacemos un buen seguimiento del cachorro, con radiografías a los 5-6 meses, podremos hacer un diagnóstico precoz, y si es necesario, hay otras opciones quirúrgicas que mejorarán mucho la calidad de vida de nuestros pacientes, si hacemos las cosas bien y a su debido tiempo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Luxación lateral de rótula


Luxación lateral de rótula



Aunque teóricamente podría darse cualquier tipo de luxación de rótula en cualquier talla de perro, como norma  general se dice que las luxaciones mediales se presentan principalmente en perros de talla pequeña mientras que las luxaciones laterales son más frecuentes en perros de talla grande, y es una norma que no suele fallar.

En el caso que presento en esta entrada se trata de un cachorro mestizo de labrador, hembra, de cuatro meses, con alto potencial de crecimiento y luxación bilateral de rótula, que simplemente por los datos aportados, ya sospechamos que será lateral.

Comenzamos el estudio con una exploración general del paciente, viendo como camina, con las rodillas desviadas en varo (hacia adentro) y con cojera de su extremidad posterior izquierda. A la palpación notamos que tiene luxación bilateral medial de rótula de grado III en ambas rodillas, aunque en el momento de la exploración sólo cojeaba de la izquierda y seguidamente, tras descartar otras patologías en la exploración general procedemos a la exploración radiográfica.

En primer lugar haremos una vista ventro dorsal del tercio posterior que nos permite valorar las caderas, la alineación de los fémures, y por supuesto, las rodillas.


luxación rodilla canino



Puesto que se trata de un cachorro todavía hay líneas de crecimiento abiertas, pero no debemos esperar a que cierren para hacer correcciones, porque cuanto más tiempo se espere antes de mejorar las alteraciones del crecimiento, peores serán los resultados.

He puesto las líneas negras porque la angulación de la cabeza del fémur parece un poco excesiva, pero tiene 130 grados, que es un valor absolutamente normal. Una angulación normal oscila entre 120 y 135 grados, si es >135 grados el paciente presenta coxa valga, y si es <120 grados presenta coxa vara.

La luxación bilateral lateral de las rótulas se aprecia bastante bien, pero en las vistas laterales de las rodillas es todavía más evidente. 
Veamos en primer lugar la rodilla izquierda:


luxación lateral rodilla en canino


En esta imagen apreciamos que la cresta tibial todavía no ha terminado de crecer y la rótula aparece claramente fuera del surco del fémur. Veamos la otra rodilla:


luxación lateral rodilla en perro


Radiológicamente ambas extremidades presentan la misma patología y son casi idénticas, pero puesto que el paciente está cojeando de su extremidad izquierda es evidente que debemos planificar la cirugía en primer lugar para su rodilla izquierda.


Puesto que ya he presentado fotos en varias entradas anteriores de este tipo de cirugías no voy a repetir todo el proceso, y simplemente comentaré que se hace un abordaje a la rodilla para hacer dos cortes  en el fémur distal que permitan profundizar el surco, y luego reforzaremos la sujeción con la superposición del retináculo, mientras que en la tibia se hace una transposición de la cresta tibial, en este caso hacia medial (pues la luxación es lateral) y sujetaremos el fragmento en su nueva posición con dos agujas de Kirscher, pero puesto que es un cachorro que está creciendo, en este caso está contraindicado poner el cerclaje en ocho, que generalmente pondríamos si fuese un animal adulto.


Tras la cirugía, haremos las correspondientes radiografías de control, comenzando por la vista medio lateral:




Comparando con la imagen preoperatoria, se aprecia ahora que la rótula está situada dentro del surco, y la cresta tibial sujeta con esas dos agujas.

Y para terminar expondré al vista radiográfica post operatoria antero posterior de este paciente:


luxación rodilla en perro grande


En este momento había una gran diferencia entre la rótula izquierda, ya recolocada en el surco del fémur, y la rótula derecha que todavía estaba luxada.


La evolución del paciente fue muy rápida y muy positiva. A los pocos días estaba apoyando bien, y al mes y medio se le realizó la misma cirugía en su otra rodilla, pero lamentablemente no tengo las imágenes radiográficas de su otra cirugía, debido a que  era un animal perteneciente a una protectora que fue adoptado y trasladado en ese intervalo de tiempo, y hubo un pequeño problema con los archivos digitales, aunque nos han informado que se recuperó igual de rápido y es un cachorro que camina con total normalidad.


domingo, 28 de julio de 2013

Fractura de cúbito y radio

Fractura de cúbito y radio en Pastor Belga


Las fracturas de cúbito y radio son muy frecuentes en la clínica de pequeños animales, y habitualmente suelen señalarse como especialmente complicadas las que afectan a razas miniatura, tipo toy, pues en ese tipo de pacientes el tamaño del hueso se reduce a la mínima expresión, lo cual dificulta la colocación de implantes, pero además la vascularización de los tejidos blandos debe preservarse al máximo para que no se vea comprometida la cicatrización.

En el extremo opuesto están los pacientes de razas gigantes, que requieren de implantes especialmente resistentes para aguantar su peso, y como una variación de éstos, los pacientes de talla grande, que sin llegar a ser razas gigantes, son animales con una gran actividad y presentan el inconveniente de que no van a estar quietos en el post operatorio, y es preciso que los implantes no sean excesivos para evitar la sobreprotección del hueso que retrasará la cicatrización (muy frecuente en cubito y radio distal) y a la vez que no sean insuficientes porque el paciente va a moverse y deben soportar una carga muy superior a la que tendrían con un paciente mas sedentario.


En esta ocasión nuestro paciente pertenece a este último grupo. Se trata de un cachorro de Pastor Belga Malinois, de 8 meses y 22kg que a pesar de que viene con una fractura de cubito y radio, parcialmente sujeta por una férula, no para de moverse e incluso cuando está en la jaula da pequeños saltitos cada vez que se acerca alguien.

En el estudio radiológico se aprecia la siguiente fractura:


fractura en cachorro


Es una fractura transversa diafisaria distal de cubito y radio de su extremidad derecha, que apreciamos igualmente en la otra vista radiográfica:

fractura en cachorro



En esta última imagen se aprecian mejor las líneas de crecimiento, se trata de un cachorro con una fractura transversa con escaso desplazamiento, que no debe suponer un problema para su reducción, pero sí luego para su estabilización posterior.

Ante una fractura así habría múltiples soluciones posibles, pero puesto que se trata de un cachorro muy activo, aunque la cicatrización será rápida, la fijación debe ser muy estable, y siempre que sea posible optaremos por una fijación interna. Por lo tanto se planteó la cirugía colocando una placa para tornillos de 3,5 mm de diámetro sobre la cara dorsal del radio, pero era claramente insuficiente, y podría reforzarse con una segunda placa en la cara medial del radio, pero puesto que el cúbito de este paciente tenía un tamaño considerable, parecía más adecuado colocar la segunda placa sobre este hueso y así se hizo, de modo que en un abordaje lateral al cúbito distal se colocó una segunda placa para tornillos de 2,7 mm, que reforzaba adecuadamente la fijación.

En la radiografía de control post operatorio antero posterior puede apreciarse la colocación de las dos placas:


doble placa en perro



Y en la vista medio lateral se aprecia mejor como cada placa sujeta cada uno de los huesos, sin interferir en las líneas de crecimiento.



Tras esta cirugía, la evolución debería ser buena, si lográsemos que el dueño limite la actividad del paciente …  A los dos días estaba apoyando y a la semana ya tiraba de la correa al salir de paseo, y era necesario retenerle.

Y tres semanas después se le hizo la primera radiografía de control, que expongo seguidamente:

doble placa en cachorro



Puesto que se trata de un cachorro, las líneas de crecimiento siguen abiertas,  y el hueso ha crecido longitudinalmente. Además el callo óseo se está formando muy rápido y la evolución está siendo  favorable, a pesar de que se trata de un animal  joven y muy activo que incluso en un recinto muy pequeño no para de moverse.


viernes, 12 de julio de 2013

Fractura y luxación de codo


Fractura y luxación de codo


Todos los que de alguna manera nos dedicamos a la traumatología sabemos que en ocasiones las cirugías se complican, ya sea por errores propios, por errores del propietario o por una combinación de ambos, y el caso que  presento aquí es un pequeño ejemplo más de cómo una cirugía puede complicarse.

Nuestro paciente era un pequeño chihuahua de apenas 2kg, con una fractura de codo tras una desafortunada caída.
Para resumir un poco la parte inicial, pasaremos un poco más rápido por la primera fractura.

Comenzamos el caso con una vista antero posterior del codo:

fractura de humero en canino


Hay una fractura del proceso lateral del cóndilo humeral derecho, Salter Harris tipo IV.

En un animal tan pequeño, podría hacerse una fijación con un tornillo intercondilar, pero preferí aplicar dos agujas de Kirschner sujetando el fragmento al cóndilo, y luego otras dos agujas en la parte dorsal del mismo, para fijar la reducción y evitar  la migración dorsal.

Veamos las radiografías de control:







Hasta aquí todo normal. La reducción era buena, la fijación estable y la evolución era la adecuada, pero dos semanas más tarde, dejaron al paciente en un parque para bebés, con red todo alrededor y al intentar trepar por la red, se hizo daño, dejó de apoyar, y unos días después  vino a control.
La exploración del codo mostraba una articulación incongruente, con incremento de volumen, crepitaciones, dolor y una importante inflamación. En un principio parecía que se había arrancado los implantes, pero se le hace una radiografía de control y observamos lo siguiente:


luxación cubito en canino


En la imagen anterior comprobamos que el fragmento fijado con agujas permanece en su lugar, pero el paciente presenta ahora una luxación lateral de codo, que no es una complicación habitual de este tipo de fracturas, y muy probablemente sea derivada de un mal control post operatorio, pero tenemos un paciente operado de un codo que no está caminando y debemos resolver el nuevo problema.

Ante una complicación así, lo ideal es anestesiar al paciente, reponer el codo a su sitio y luego comprobar la estabilidad de los ligamentos colaterales que pueden estar rotos,  pero la propietaria no nos dejó hacer nuestro trabajo (rechazó la cirugía) y sólo se pudo sedar al paciente, y reponer el codo a su posición fisiológica

fractura humero con agujas en canino

para luego aplicar un vendaje inmovilizante durante una semana, con el argumento de que en pacientes muy pequeños tal vez pueda ser suficiente para lograr estabilidad y que se produzca la fibrosis necesaria para estabilizar la articulación, pero no fue suficiente, y casi al día siguiente de retirar el vendaje el paciente volvía a tener la luxación lateral de codo.

Puesto que el vendaje no fue suficiente, se propone nuevamente una técnica quirúrgica de reducción abierta y reposición de los ligamentos colaterales rotos. Para saber que ligamento colateral está roto, una vez resuelta la luxación, se coloca el codo en 90º y el carpo en 90º (como en el test de Campbell)  y se giran los dedos hacia lateral y hacia medial, comparando con la otra extremidad.

De forma fisiológica, al rotar los dedos internamente el antebrazo gira  hasta 70º que pueden llegar a 140º si está roto el ligamento colateral lateral, y si rotamos los dedos externamente se logra un ángulo de rotación de 45º que pueden llegar a 90º si está roto el ligamento colateral medial.

Nuestro paciente rotaba internamente la mano probablemente hasta 140º, por lo tanto  tenía roto el ligamento colateral lateral.

Una vez diagnosticada la lesión se debe reponer el ligamento roto, con dos tornillos y un cerclaje de acero en ocho, ó en un paciente tan pequeño con dos agujas y un cerclaje de nylon.

Esta es la imagen intra operatoria del cerclaje:



Y ahora expongo las imágenes radiográficas post operatorias que nos permiten apreciar la cirugía:


luxación codo en perro


luxacion cubito en canino


Como se observa, se aprovechó la fijación intercondílea del húmero y en radio se colocó otra aguja de Kirschner. Es probable que se pudiese hacer con un tornillo de 2 mm pero el diámetro del cúbito proximal en un perro tan pequeño no es muy amplio y una aguja de 1 mm da una fijación estable y suficiente.


Tras esta nueva cirugía, el paciente apoya la extremidad y evoluciona adecuadamente, aunque como viene siendo habitual en estos casos, ha perdido algo de rango articular, pero está caminando, no tiene dolor, y todos esperamos no tener que reintervenir nuevamente ese codo.